martes, 6 de marzo de 2007

Investigación Acción de Ingrid (Templaza)

Uno de los principios éticos seleccionados para ser aplicado en la clase fue la templanza. Esta escogencia obedeció a la dualidad de posiciones que debe tener un profesor al dirigir, orientar o canalizar los contenidos a tratar en una sesión de clases, es decir, debe tener paciencia y capacidad de esperar, las cuales caracterizan a una persona representada por la templanza. Bajo estas premisas, se comenzó la clase, cuyo tema estaba vinculado con el desarrollo psicomotor del niño y su relación con las habilidades artísticas, generándose la siguiente pregunta como tema de discusión: ¿Qué es el desarrollo psicomotor y cómo se vincula con las habilidades y destrezas artísticas del niño? Esta pregunta motivó a los participantes a expresar sus opiniones, quienes al emitir sus puntos de vista, se observó que algunos habían leído, otros muy poco y hubo quienes no participaron producto del desconocimiento del tema.

Esto hizo que entre las distintas opiniones se lograra el equilibrio, lo cual condujo a llegar a una conclusión entre el exceso y el defecto de las distintas ideas aportadas por los estudiantes, en otras palabras, se buscó el punto medio para lograr enmarcar el conocimiento dentro de la clase. Esto fue el producto de mi conocimiento sobre el tema planteado, lo cual indica que la madurez emocional, la madurez intelectual y la madurez de la experiencia son aspectos fuertemente relacionados con la templanza, ya que no se descartó ninguno de los comentarios expuestos sino que se nutrieron, que no existió una rigurosidad en las ideas sino la libertad de expresión y que también se tomó como válidas las experiencias previas que tenían los participantes sobre el tema planteado.

Todo el desarrollo de la clase fluyó de acuerdo con las circunstancias, para lo cual hizo falta mi intervención al orientar el sentido de la clase, donde hubo correspondencia y complementariedad entre las ideas aportadas por los estudiantes y las opiniones emitidas por mi, entre ambos nutrimos el tema tratado, para lograr esto fue indispensable actuar con discreción para no herir susceptibilidades y conducir de manera ordenada cada intervención, al levantar la mano como señal de costumbre para querer participar, todos los que hicieron esto tuvieron el derecho de palabra, previa aclaratoria que no debía haber repetición de ideas sino complemento de lo expuesto. Esto le permitió a cada persona la reflexión interior antes de opinar, debido a que era evaluada la pertinencia y la participación efectiva del estudiante. Una vez aclarada la relación entre el desarrollo psicomotor y las habilidades y destrezas artísticas de los niños, se cumplió con lo establecido por la templanza, la cual sostiene que dar una clase con templanza no enseñar poco ni tampoco demasiado en una exposición.

Después de conocer y aplicar los basamentos de este principio ético, he llegado a reafirmar que no se debe educar lleno de ira, que es mejor escoger la mansedumbre y la humildad, las cuales son fruto de la templanza, y que además, se debe tener en cuenta que el universo fluye de manera armónica y sincronizada, hay que considerar que nuestra vida también fluye con un ritmo perfecto acoplado con el universo, donde el yin y el yan se alternan, se combinan y se complementan. Entendiendo esto, no hay luchas ni fracasos. Como docentes hay que relajarse y buscar dentro de uno mismo la serenidad necesaria para sobrellevar las dificultades y valorar nuestros avances personales y profesionales así como el de nuestros estudiantes. Al sopesar estas situaciones, se habrá recorrido un largo trecho hacia la autosuperación, lo cual conduce a la obtención del conocimiento durante el proceso de enseñanza y aprendizaje.

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